EL USO DE TACONES ALTOS: RIESGOS Y CONSECUENCIAS

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Subir unos centímetros de altura llevando tacones es una de las costumbres más extendidas, sobre todo entre las mujeres, pero a veces ir a la moda conlleva una serie de riesgos para la salud, ya que los tacones modifican el reparto natural del peso del cuerpo. Los pies están preparados para soportar el peso de nuestro cuerpo si se respeta la proporción de un 70 % del peso en el talón, y un 30 % en la parte delantera. Al ponerte un tacón alto lo que ocurre es que esas proporciones se invierten.

Aparte de las molestias más evidentes de los tacones altos, como el cansancio, las callosidades y el inevitable dolor de pies, el uso de un tacón demasiado alto puede  favorecer  la aparición de varices  en  aquellas personas que sufren una mala circulación. También se incrementa el riesgo de sufrir esguinces, torceduras y hasta roturas de pies.

Además, pueden aparecer problemas en la columna debido a la incorrecta postura corporal a que sometemos al cuerpo. Al llevar unos tacones altos nuestro peso cae sobre todo en la parte interna del pie, dedo gordo y parte baja de los dedos (donde se apoya todo el peso provocando paralelamente malformaciones en los pies). A su vez, las rodillas y las caderas se inclinan hacia adelante y afectan el equilibrio general del cuerpo, debilitando la salud de las piernas y la espalda. Usar mucho este tipo de calzado daña desde los tobillos hasta la zona lumbar. Por eso se desaconseja el uso del tacón en alto en menores de 18 años, hasta que no haya finalizado por completo el desarrollo de los huesos.

La principal consecuencia de llevar este calzado son los trastornos musculares que aparecen. Cuando llevamos tacón alto pasamos tanto tiempo en relevé que ponemos  excesiva presión sobre los metatarsos de nuestro pies, lo que conlleva acortamiento de  los músculos de la cadena posterior ya que cambia la longitud del músculo al caminar  y la tensión del tendón que une el músculo al hueso es mayor de lo normal, por ejemplo en el tendón de Aquiles el talón se puede acortar y volverse más rígido. Estos acortamientos de los músculos se expone a un mayor riesgo de desgarro de estos músculos y poner en peligro otras estructuras.

High-Heels

El riesgo de llevar zapatos con falta de apoyo tales como los tacones altos es la exposición a sufrir los esguinces entes mencionados ya que el uso de tacón  desequilibra la distribución del peso y hace que cambiemos nuestra postura general. Los tacones altos empujan el centro de gravedad hacia delante y hacia arriba, por lo que, las personas que los utilizan deben cambiar constantemente su postura para mantener el equilibrio. La primera articulación que lo sufre es el tobillo, pudiendo conllevar a serios problemas de inestabilidad y balance.

De la misma forma, como la parte posterior de la pierna debe compensar el peso que se desplazó hacia adelante, se contrae y se acorta, lo que provoca molestias y contracturas en los gemelos.

Continuando por la pierna, la rodilla es otra articulación que se sobrecarga al usar los tacones, porque la tensión va en aumento desde la planta del pie hacia arriba. La flexión que hacemos es más grande que al estar descalzos, desequilibrando el cuádriceps y el recto anterior de la pierna.

Para hacernos una idea en términos numéricos, cuando apoyamos los pies descalzos en el piso, la parte delantera (metatarso) soporta el 43% del peso en cada paso y el restante 57% lo absorbe el talón. Si el tacón es de 4 cm de alto, este porcentaje cambia, quedando al revés. Cuando el tacón es de 6 cm, la presión mayor está en los dedos, con un 75%, y cuando es mayor a 10 cm, el 90% del peso queda en el metatarso.

Dentro de las posibilidades que nos ofrece la industria del calzado los peores zapatos que pueden llevar las mujeres son los de tacón alto y delgado, los llamados tacones de aguja. En el caso de los zapatos de cuña que están tan de moda, también hay una serie de problemas, aunque parezca que el peso está más repartido en todo el pie no es del todo cierto, la presión la siguen ejerciendo los dedos, aunque es verdad que al tener un poco de plataforma el talón está un poco más protegido.

La opción de dejar de usarlos tampoco es buena. No usar nada de tacón tampoco es lo recomendable. Lo mejor es que llevemos un calzado que tenga unos 2 cm de alto (nunca una altura mayor de 3 cm) para que el soporte del metatarso y del calcáneo sea equitativo, 50% para cada región.

Si no quieres renunciar a tus tacones de vértigo, puedes considerar la idea de ponértelos durante menos tiempo y aprovechar los momentos que se está sentada para quitárselos y hacer estiramientos de pies y piernas, y procurar tener siempre a mano un calzado bajo para cuando no los puedas aguantar.

Existe una opción para dar más estabilidad al tobillo y seguir llevando tacón, siempre preferible un poco ancho, es usar unas plantillas suaves que puedan reducir la presión sobre las rodillas y prevenir la aparición de lesiones en los pies, cadera, rodillas y espalda. Sus beneficios se basan en lograr una mayor superficie de apoyo y ofrecer una distribución más homogénea de las presiones según sea la altura del tacón, minimizando los efectos secundarios  por el uso prolongado de zapatos de tacón.

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